Hoy, día 4 de mayo, puedo confirmar que tú fuiste el mejor
regalo de cumpleaños y mi deseo para el 2014 se cumplió: soy extremadamente
feliz. Y eso te lo debo a ti, que me has devuelto las ganas de sentir.
Me muero por ti, por todo ese aluvión de momentos que hemos
compartido este año, por nuestra pícara complicidad y la espontaneidad que
utilizas a cada paso que das. Aunque en
estos tres meses has sido, y créeme que lo serás, lo primero en lo que pienso
al despertar, jamás olvidaré todas las tardes por Madrid, los besos robados,
mis enfados tontos por no reconocer lo evidente, nuestras miradas de reojo
durante aquel secreto a voces, los amaneceres entre risas y sorpresas que me
dejan un dulce sabor de boca. Y no sé si dar las gracias al destino o a nuestra
escapada a Granada, pero desde el primer momento fuiste especial y ahora sé que
quiero cuidarte, regalarte mi tiempo y mi sonrisa.
Y mentiría si te digo que no adoro mirarte cuando estás
concentrado o ensimismado. Podría estar así horas y no me cansaría de hacerlo,
y cuando te giras y me acercas hacia tu pecho, me pierdo en tus ojos, que sé
que son sinceros.
Con esto, solo pretendo darte las gracias, eres tú el único que
hace que llore riendo y me has enseñado a plantarle cara a la vida sin miedo, por
eso la idea de perderte me enloquece porque sé que ya no puedo vivir sin ti,
sin tus lunares o tus brazos agarrándome con firmeza cuando más lo necesito, que
me hacen sentir como en casa; sin tus manos traviesas acariciando mi espalda o
simplemente posadas en mi cintura.
Te amo Alberto.
